Cuba volvió a acogerme con todo su amor

Saidy Diamela trabaja en la clínica 28 de Septiembre, de la barriada de Lawton, en el municipio de Diez de Octubre. Foto: Roberto Suárez/Juventud Rebelde.

Tomé la decisión por problemas personales. Era el 8 de abril de 2015. Estaba en espera de las vacaciones, o que llegara mi relevo para el fin de la misión. Nadie se lo esperaba. Fue difícil hacerlo. Quedé embarazada, y mi pareja —que conocí al año y medio de estar en la misión— me obligó a que no siguiera en ella y a que me quedara en su país para vivir nuestra relación.

 

Por Yuniel Labacena Romero.

Todavía se percibe en su rostro el drama que vivió durante meses. Por momentos deja escapar una sonrisa, pero se muestra tímida, recogida… Intenta que se borre de su memoria lo ocurrido luego de abandonar su misión de colaboración médica.

Saidy Diamela Columbie Libera era muy joven cuando partió a entregar el humanismo y la solidaridad de su país. Hacía poco que se había graduado con excelentes resultados como doctora en Estomatología, en la Facultad de Ciencias Médicas Tamara Bunke Bider, de su Moa natal. La motivación por esa carrera le vino del seno familiar, pues su mamá también estudió y ejerce la especialidad.

“Desde niña la acompañé en su labor y me interesó lo que hacía. Cuando crecí me incliné más por ello, y en el momento de decidir por una carrera aposté por esta sin titubeos. Graduarse de médico es abrir las puertas de un largo camino que lleva a una a las acciones más nobles que una persona puede hacer por los demás.

“Me gradué en julio de 2012 y me ubicaron en la Empresa de mantenimiento de la construcción del níquel, en Moa, donde radica un puesto médico. Establecí una buena relación de trabajo con mis compañeros. Mientras cumplía el servicio social llegó la propuesta de misión y entonces comencé los trámites”, expresa.

—¿Cómo le dijiste a la familia, sobre todo a tus padres, que ibas a cumplir misión siendo tan joven?

—Ya había hablado del tema en casa, por lo que mis padres estaban preparados para ese momento. Cuando me dijeron que me tocaba salir, mi mamá cumplía su segunda misión en la República Bolivariana de Venezuela. Además, compartir experiencias, intercambiar con galenos de otros países, conocer nuevos sistemas de salud… significa un reto en la formación profesional, y a un joven siempre le gusta crecer por sus propios medios. También existen motivaciones económicas, pero que no están alejadas del espíritu solidario de los cubanos.

En enero de 2013, Saidy Diamela comenzó su misión en el exterior, en la que estuvo dos años y cuatro meses.

—¿Por qué decidiste abandonar la misión?

—Tomé la decisión por problemas personales. Era el 8 de abril de 2015. Estaba en espera de las vacaciones, o que llegara mi relevo para el fin de la misión. Nadie se lo esperaba. Fue difícil hacerlo. Quedé embarazada, y mi pareja —que conocí al año y medio de estar en la misión— me obligó a que no siguiera en ella y a que me quedara en su país para vivir nuestra relación.

Lo que sobrevino fue una desgarradora experiencia. Su pareja, a quien solo conoció verdaderamente cuando abandonó la misión, no la dejaba ni salir de la casa. Y por si fuera poco, cuando fue a recogerla el día que le tocaba volar a Cuba no la llevó al lugar establecido, sino para un hotel.

Entonces comenzó una odisea, muchas veces sin tener lugar fijo donde estar. Solo tras escaparse del acoso de este hombre, el 15 de septiembre de 2015, pudo llegar hasta la dirección de la colaboración médica cubana, e iniciar el proceso de repatriación. Tenía ya 27 semanas de embarazo y ningún médico la había atendido en todo ese período.

“Llegué hasta allí y expliqué la situación por la que estaba pasando. Me atendieron como una colaboradora más y me hicieron todos los exámenes del embarazo. Entonces iniciaron los trámites para el regreso a Cuba, algo que hice por decisión propia, pues nadie me obligó.

“Se le informó a mi mamá para que se ocupara de los procedimientos legales requeridos, pues el familiar que tienes en Cuba es el que puede realizar ese proceso a través de Inmigración y se hace de manera gratuita. Los trámites comenzaron a correr, pero se acercaba el momento de dar a luz y quería que ello sucediera en mi país. Hice el viaje por ayuda humanitaria sin estar los papeles finales, y en ningún momento se me negó atención ni nada que perjudicara mi salud”.

—¿Hubieras podido formalizar la relación sin abandonar la misión?

—Sí. No quería abandonar la misión; me hubiera interesado unirme a él y mantenerme en ella, pero también, aunque aquel hombre estaba solo, se mantenía legalmente casado. Hubo complicaciones legales.

Regreso a Cuba

Cuando el 16 de octubre de 2015 el avión se dispuso a partir hacia Cuba, Saidy Diamela no podía contener sus emociones al saber que regresaba al calor y al amparo de su familia y de su Patria. «Cuando me vi en el aeropuerto no lo podía creer, pues pasé tanto trabajo y por tantos sinsabores cuando abandoné la misión, y había pensando tanto en el regreso a mi tierra, que me resultaba difícil aceptar que al fin lo lograba. Todavía volando me parecía despertar de una pesadilla. Mis padres me esperaban en el aeropuerto de La Habana junto a autoridades del Ministerio de Salud Pública. El rencuentro fue un momento de mucha tensión. Nos abrazamos y comenzó un llanto indetenible.

“En Cuba me han atendido con mucho amor desde que puse pie en tierra. Tuve todas las atenciones que recibe una gestante en las instituciones médicas, pese a que no estaban terminados todos los trámites oficiales. Recordemos que fueron 27 semanas sin ningún control; no me pude hacer los exámenes que lleva toda embarazada. En diciembre llegó Dilán Ernesto, mi primer hijo, y vino cargado de todo el cariño, la energía y las esperanzas que entrega la tierra que un día, por inmadurez, había decidido abandonar”.

—¿Cómo fue la reincorporación al Sistema Nacional de Salud?

—Cuando di a luz ya mis padres se habían mudado de Moa para La Habana. Después de disfrutar de los primeros cinco meses de la maternidad me presenté en el Ministerio de Salud Pública para que me explicaran cómo era todo el proceso de reincorporación. En mi caso me demoré un poco, pues tuve que ir a Holguín a recoger toda la documentación. Me ubicaron en la clínica 28 de Septiembre, de Lawton, que está cerca del lugar donde resido, pues siempre se trata que cuando un médico se reincorpore sea así.

—¿Cómo fue el recibimiento en la clínica?

—Nadie me rechazó. Me han tratado igual que cualquier otra estomatóloga que no hubiese hecho lo que yo. Me llevo bien con todos mis compañeros y compartimos los mismos espacios. Hasta me eligieron mejor trabajadora. Dentro de poco comenzaré los estudios de posgrado de la especialidad, algo que ya había comenzado… Ya solicité hasta la capacidad en el círculo infantil para el niño, y así disponer del tiempo necesario para la profesión y los estudios.

—¿Estarías dispuesta a salir de misión otra vez?

—Por ahora no, mi hijo solo tiene un año y cuatro meses.

—¿Y cuando tu hijo comience a preguntar por su padre?

—Ahora tengo a mi pareja, a quien mi hijo ve como su padre y hasta lo llama papá. Sé que Dilán Ernesto crecerá y preguntará por su padre biológico. Estaré preparada para ese momento. Explicarle lo que hice y la situación tan traumática que viví no será nada fácil. Aquella familia me hizo la vida muy complicada. Nunca se preocuparon por mí, ni por la suerte de mi embarazo, o por la de mi hijo, tras todos aquellos episodios. Por ahora Dilán Ernesto lleva mis apellidos.

—¿Qué lecciones para la vida te dejó la situación por la que pasaste?

—Las cosas en mí cambiaron mucho. Saidy Diamela maduró bastante, bastante. Todo fue un cambio radical en mi vida.

—¿A quienes cumplen misión, especialmente a los jóvenes, que les dirías?

—Que cualquier paso serio en la vida hay que pensarlo detenidamente. Hay muchos más valores en los que creer y personas que siempre te van a agradecer las cosas que hagas por ellos.

(Tomado de Juventud Rebelde)

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Publicado el abril 3, 2017 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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